1 de noviembre de 2010

Chica Malbec - preludio final


Vuelve a la posada; una casa colonial restaurada en medio del barrio histórico. Su habitación está apartada del resto en el segundo piso y permanece, como siempre, oscura. Se sienta en la cama y vuelve a revisar el arma sabiendo que de nada le serviría, pero como si fuese un ansiolítico, la limpia con minucioso cuidado por largo rato.
Cuando el sol se alza entre las nubes en lo más alto, decide dormir, el día no fue hecho para ella, animal nocturno, noctámbula de nacimiento, la claridad la lastima. No habrá sueños esta vez, dormir significa reunir fuerzas. El río crece en furia y los barcos quedan anclados en ambas márgenes mientras el agua salvaje, castiga a latigazos la costa uruguaya. En la otra orilla, un hombre sonríe al cielo, sabe, deberá esperar un día más para liquidar su encargo, un largo encargo demorado por años. Cierra su piloto y sube el cuello del abrigo en torno a su garganta; la cicatriz bajo la oreja izquierda desaparece detrás de la ropa. Enciende un cigarrillo, no hay ansiedad, sólo disfruta el momento, como si esta demora imprevista, confirmara que está a punto de liquidar el juego, este juego que disfruta tanto desde hace años, de perseguidor perseguido. La tierra se sacude salvaje, ella despierta, como si pudiera sentir la mirada del hombre en la otra margen del ancho río. Se incorpora, descorre las cortinas y mira con fascinación hipnótica, el horizonte revuelto bajo el cielo funerario.