12 de octubre de 2010

Chica Malbec - frontera




Un bolso, una muda, un mp4 y la cámara de fotos, eso es todo. Cierra el departamento, desconecta el teléfono pero el día no amanece. En la siguiente esquina detiene un taxi que la lleva sin demoras a la terminal del puerto. Apenas un grupo de hombres dormidos se enfilan a desgano hacia la aduana. Sube al barco que cruza el río y en menos de una hora está en Colonia del Sacramento. Cuando las cosas se ponen densas, ese es el lugar para guardarse. Siempre la misma hostería, siempre con el pasaporte Uruguayo. La madrugada se alarga sobre el nuevo día, brumosa y agorera. El escalofrío en el cuerpo permanece como si los restos de la pesadilla premonitoria circularan aún por sus venas. En lo que dura el viaje no hace otra cosa que escuchar música, sentada en el la ultima butaca contra la ventana; sólo un par de veces abre los ojos para ver el río que le atrae y le da pavura. La terminal está vacía, pero pronto se llenará de turistas que están de paso por el fin de semana entre dos ciudades de bandera blanca y celeste. Ya camina sobre los adoquines hundidos de la calle de los suspiros, las primeras luces limpian el cielo, saca la cámara y comienza a disparar cuadro a cuadro, las mismas imágenes de siempre pero nuevas, como si intentara descubrir algo, ahí dónde todo se inició años atrás. La misma ventanita, la misma puerta verde, las mismas rejas coloniales, los mismos llamadores bruñidos, las mismas enredaderas y los mismos buzones enigmáticos. Sólo cambiaba la luz, la hora del día, pero las sombras y los colores cambian y revelan distintos estados, otras historias; A veces, tiene la esperanza de que bajo otra luz, la respuesta al fin se devele. De pronto, la puntada en la cien la sacude con violencia. Suelta la cámara y esta cuelga tajante de su cuello, lleva sus manos a la frente y la aprisiona con fuerza, tratando de detener el dolor filoso. Cada vez que vuelve, todo se repite, primero el dolor, después los recuerdos cercenados. Los gritos, los golpes, la tormenta. Se agacha contra la pared húmeda del antiguo prostíbulo sin soltarse la cabeza. Se concentra en su propia respiración tratando de llevar oxígeno a hacia la cien y poco a poco el dolor va cediendo. Lento se incorpora, baja hasta la costa y mira el río, algo se agitaba en el horizonte.

3 de octubre de 2010

Bombones de Circe - PecaRusita


Peca Rusita

Peca se inclinó sobre la mesa. El comisario Rodríguez no podía sacarle los ojos de encima. El inspector Torres, en cambio, sólo se enfocaba en hacerla hablar, pero sabía que con ella no había atajos, tenía que ir por el camino más largo.
-Volvamos al relato de los hechos, desde el comienzo y sin omitir nada- dijo el inspector sin darle tregua. Ella le habló al comisario Rodríguez como si Torres no existiera.
-Rodríguez, necesito un cigarrillo, hace ocho horas que me tienen en esta pocilga-
Rodríguez se levantó con una sonrisa babosa en los labios sabiendo que al acercarse tendría un mejor ángulo de su escote. Peca aspiró largamente el humo del cigarrillo y retuvo la mano del comisario un segundo más de lo necesario.
-Si ya terminaron -interrumpió el inspector- volvamos a las cero horas de hoy cuando usted salió de su domicilio y se subió al remis que habitualmente la lleva a lo de sus clientes ¿por qué decidió tomar el desvío del bajo si iba hacia el puerto?
-Ya le dije que le debía varios viajes al remisero y quiso que le saldara la deuda antes de arrancar la noche-
-¿Y entonces?
-Y entonces ¿Por qué mejor no se alquila una película porno detective? ¿No le alcanza con la declaración detallada que le firmé?
-Responda Peca-.
-Paramos bajo el puente, le dije que no había tiempo para un servicio completo así que fue algo rápido. Si quiere pruebas, para usted son trecientos pesos detective-
El comisario no pudo ocultar la sonrisa y el detective le ordenó que saliera a buscarle un café, entonces volvió sobre Peca.
-Eso le llevó no más de quince minuto, digamos que no fue la gran cosa, y desde ahí subieron por plaza Lezcano hasta las torres de Río Grande. ¿Puede decirme por qué en un edificio de máxima seguridad no hay registro de su ingreso?
- Porque mi cliente no quiere registros de las putas que lleva a su casa cuando la mujer está de viaje.
-Usted dijo que el señor Alcorta siempre la recibe en la terraza pero que esta vez no estaba ahí-
-Así es-
-¿Qué hizo entonces?-
-Lo llamé varias veces y como no contestaba empecé a buscarlo-
-Y le pareció que el primer lugar en el que lo encontraría era en la cocina…
-Tenía sed.
-¿Si tenía sed por qué no que no se tomó el trago que ya estaba preparado en la terraza?
-Tenía hambre-
-Desde luego ¿Qué pasó después?-
-Escuché un ruido en el piso de arriba, un golpe seco, me asomé a la escalera y un tipo bajó corriendo, me empujó, caí hacia atrás y al levantarme había desaparecido por la ventana de la terraza. Fui al cuarto y vi desde la puerta el cuerpo de mi cliente sobre la cama. Salí corriendo, subí al remis y me fui.-
- ¿Y no se le ocurrió que podía estar vivo y necesitar un médico, o llamar a la policía?
-No quería quilombos.
-Esos quilombos ya los tiene Peca; ¿cómo se explica que encontraran rastros de sus zapatos hundidos en la alfombre junto al cuerpo si no se acercó?
-¿Ahora también quiere que haga su trabajo detective? No tengo idea, a lo mejor eran otros tacos.-
-Claro, quizás eran del tipo que usted dice haber visto, debe ser facilísimo saltar por las terrazas con tacos altos, pero lamentablemente la profundidad de las marcas hablan de alguien que no pesa más de 50 kilos ¿Cuánto pesa Peca 45, 48 kilos? Con el hambre que trae quizás menos…
-¡Váyase a la mierda!-
El detective se ríe mostrando los dientes de lobo y entrecerrando los ojos de animal nocturno, sabe que avanza en su cacería.
-Porqué no la hacemos corta, podemos estar así por días Rusita, dígame que hizo ese enfermo para que quisiera matarlo, él tipo todavía está vivo y en cuanto recupere el conocimiento, y es seguro que lo hará, la va a hundir hasta las orejas, y olvídese de los favores de Rodríguez, en cuanto salga de este cuarto se la come cruda. Puede elegir el camino más corto, el de la mentira que sólo durará un par de desagradables encuentros con media seccional o ir por el camino más largo y quizás salvar el pellejo, usted elige Rusita.
-Elijo que se vaya al carajo, yo no tuve nada que ver con lo que le pasó a ese infeliz- Rusita se repite que ella nunca toma el camino más largo.
-Una vez más elije mal Rusita- El detective se le acerca y con palabras pastosas le dice: -Entiendo que sea puta, pero no la creía idiota-
-¡Idiotas ustedes que viven de la basura ajena porque sus patéticas vidas apestan!-
Peca se va desencajando y el detective avanza un poco más.
-Mi vida será patética pero no dejo que un ricachón me meta en la jaula, de la que después me saque sólo para hacerme su esclavita de tiempo completo.
Peca lo mira con ojos enajenados. El detective desliza una sonrisa prematura y la presiona un poco más.
-¡Pero que ojos más grandes tiene la Rusita! Se lo dice saboreando el momento.
-¡Son para ver mejor como te arrepentís de llamarme esclavita! Ella avanza sobre él.
-Pero que orejas más grandes tiene la mediocre de la Putita…
-¡Son para escucharte mejor cuando supliques! Ahora ella está a un paso.
-Pero que boca tan suelta tiene la muertita de hambre…
-¡Es la boca con la que voy a contar como te hice cagar detective de historieta!
Peca se mete la mano entre las piernas, saca un veintidós y lo descarga en el pecho del detective, quien cae al suelo en un quejido sordo de animal medio muerto. En ese instante, entra Rodríguez, ella le devuelve el arma y, después de besarlo, le dice:
-Limpialo igual que al hijo de puta de Alcorta.


m.s.v.v