24 de agosto de 2010

CHICA MALBEC – Familia


Las noches se acortan, cada vez le cuesta más mantener las rutinas de seguridad.
Maneja insomne, el trayecto a la fiesta de aniversario es un descanso, en ese destino la esperan las pocas cosas buenas que le quedan, un hermano, unos sobrinos. Algunos recuerdos rescatables y conocidos pasables. La luz del celular marca su intermitencia, otro encargo, no esta noche- piensa. Sale en el segundo puente, entra en la casa y se abraza a su hermano. Se miran en los ojos igual de azules, no hay palabras, no hace falta, son gemelos, no las necesitan. Una sombra arrebata el brillo en los ojos pintados y los otros, idénticos, lo notan. Afuera en el jardín, la hija mujer de su hermano se le parece; se abrazan y la pequeña le presenta a su novio de apenas veinte, quien presume hombría diciendo que van a casarse. Algo se contrae, se tensa como las cuerdas. La noche avanza, bailan, ella no lo pierde de vista, él algo fumado y bebido la mira y la sigue. Ella sale a la calle, se sube al auto y deja la puerta abierta del acompañante. El novio nuevo sube confundido, cree que tiene algún efecto sobre las mujeres de la familia. El coche arranca y sólo se detiene cuando llegan frente al lago del country. Él intenta besarla, ella le tapa la boca con la mano, le venda los ojos, le desprende el pantalón, toma un trago de la cerveza que él trajo y se esmera con la boca entre sus piernas hasta que él le da todo, le tiemblan las piernas de deportista que no está entrenado para esto, entonces en un limbo dulce, la cuerda hace lo de siempre. No habrá absurdas bodas que sometan a su sobrina, no habrá imbéciles inexpertos tratando de esclavizar a una niña que se le parece tanto, a esa que ella fue antes de que la mataran en vida. Afloja la cuerda, lo lleva hasta el lago, así con el pantalón abierto y lo deja desaparecen en el lago.

m.s.v.v.
2010

12 de agosto de 2010

Bombones de Circe - La Grieta


Me estaba quedando dormida en la cama con una mala película corriendo en el DVD, cuando vi la grieta en la pared, justo sobre mi cabeza, extendiéndose sinuosa hacia el cielo raso. No recuerdo haberla visto crecer, en mi memoria, apenas si se vislumbraba unos centímetros por encima de la cama. Me siento y la miro de frente, la recorro con los dedos sintiendo como se abre la pared descascarada. La pintura no llegó a cubrirla más que dos meses, y ahora volvió. No fue poco el trabajo que me dio hacerla desaparecer. Me acuesto sin dejar que mis ojos la suelten, vigilándola, hasta que el cansancio me vence; lo último que pienso antes de perderme en la inconsciencia es que la grieta crece mientras duermo y lo hace alimentada de mis ideas, de las que surgen en mi cabeza justo antes del sueño profundo. Quizás también me esté robando los sueños, porque de hecho antes podía, al despertar, recuperarlos y traerlos con prolijo detalle a la conciencia; hoy, apenas si vuelven al abrir los ojos, algunas fotos recortadas y sueltas si posibilidad de reconstrucción alguna. Intento abrir los ojos pero no logro más que un leve parpadeo en el que borrosa, la grieta parece sonreír maliciosa.
Me levanto agotada con la luz del sol lastimándome los ojos. Parpadeo un par de veces soñolienta, me incorporo sobre mis codos y noto que la persiana de mi cuarto sigue cerrada, entonces veo el reflejo anaranjado sobre mis pies. Giro hacia atrás, y la luz entra por la pared de la cabecera a mi espalda, proviene de la grieta que, ahora, cruza todo el cielo raso y desciende por el muro que está frente a mí. Salgo de la cama de un salto sintiendo que dejé los pulmones entre las sábanas, sin dar crédito al tamaño de la grieta, entonces, algo más sucede, me veo en el espejo y no reconozco a la mujer del reflejo, me acerco a esa extraña que copia todos mis movimientos y mis gestos, la miro a los ojos y me pregunto quién es, qué hace en mi cuarto, y qué clase de vida tiene. Estoy confundida, no sé qué tengo que hacer, cuál es mi rutina, si alguien me espera, y por mucho que lo intento, no puedo recordar el sueño de anoche; vuelvo a ver la grieta, vuelvo a mirar el espejo; no sé ni siquiera cuál es mi nombre.

m.s.v.v.
Ago. 2010

6 de agosto de 2010

Chica Malbec - Encaje



El instinto es el único método de preservación. La mayoría se relaja en sus egos publicitarios y desoyen, desde las profundidades del inconsciente hasta la capa más superficial de la piel, todo lo que nuestro sistema de conservación intenta gritarnos.
El target, un largo cuarentón que viste y habla como uno de treinta, es predecible; finge horas extra sólo para tirarse a la puta de turno que espera su rápido ascenso. Los ojos siniestros sin lágrimas de la mujer del encargo, la empujan adrenalítica. Estaciona junto al único auto del subsuelo, se calza los guantes de cuero, abre la botella de vino y lo deja airear, es hora. Mientras camina, toma un buen trago de Malbec, lo sostiene en la boca un instante antes de tragarlo; la sangre se agita en sus venas en el pasillo que va a la oficina. Ya en el marco de la puerta abierta, se saca el tapado quedando en ropa interior y altísimos tacos negros; él,la boca abierta de los idiotas; ella, se lleva el índice a los labios. El tipo se reclina en el asiento, ella lo monta y sin soltar la botella, lo besa, lo desarma. Son tan fáciles, piensa. Siente su erección, lo mira y toma su segundo sorbo de vino, se lo da de boca a boca, deja la botella sobre el escritorio y pasa la cuerda por la nuca de su presa sin que la vea, y en un giro limpio, queda sobre él, sentada de espaldas con la cuerda cruzada en la garganta del tipo que jadea, mientras ella se inclina hacia delante. El idiota muere con su última erección y un hilo de Malbec corriendo por su comisura izquierda.

m.s.v.v