25 de junio de 2010

Chica Malbec - Fisura


Las grietas comienzan como una pequeña fisura imperceptible que va creciendo silenciosa, como un eco lejano y apagado pero que puede oírse si uno no elige desconectarse del todo. Pero aún si miramos para otro lado, la grieta crece con una constancia metódica hasta quebrarnos.
El cementerio recién amanecía y ella ya estaba ahí con sus flores oscuras. Parada detrás de sus lentes negros, sin expresión detectable, casi sin respirar, enhiesta como el ángel que custodia la bóveda desde su techo, con su espada apoyada frente a sus piernas sostenida por ambas manos de la empuñadura, la cabeza inclinada sobre el pecho y la vista inquisidora, clavada en aquellos que deciden detenerse frente a la puerta del mausoleo; un ángel negro desde luego. Mira a través de los cristales de la puerta encadenada y un temblor imperceptible la sacude extendiendo la grita, pero ella sólo aprieta sus mandíbulas. Tira las flores secas y llenas de telarañas, deposita las nuevas, se traga las lágrimas una vez más, antes de quitar la vista del diminuto cajón que descansa en el interior de la cripta con el retrato de su hermana eternamente niña.
Desaparece por la avenida cuando el cielo anuncia otro día de tormenta y sus pasos firmes sobre los adoquines presagian una nueva muerte.

11 de junio de 2010

Chica Malbec - Protectriz



Hace listas para todo. Hay algo en listar que la tranquiliza, cuanto más tensa está, más listas absurdas hace. Está sentada en la penumbra de un escalón, hoy el ascensor le da claustrofobia, hay días en los que sólo puede subir por la escalera. Hace una pausa en el cuarto piso, prende un cigarrillo pero le da nauseas, lo apaga. Se mira las manos que aún le tiemblan y saca de su bolso la agenda, anota: pedir turno con la manicura. Tiene los dedos colorados, un par de uñas rotas con el esmalte saltado y esto último es algo que no soporta. Llega al sexto piso, entra en su departamento; va derecho al baño sin prender ninguna luz y comienza a llenar de agua tibia la bañera. Desnuda, se saca el esmalte y se borra el maquillaje de la cara, recoge su pelo con un gancho y esquiva su propia mirada en el espejo; camina hasta la cocina, se sirve una copa de vino tinto, enciende una lámpara y pone música. Vuelve al baño y bajo la palpitante luz de las velas que huelen a canela, se sumerge hasta quitarse la tensión, el olor a sudor ajena y la sangre de las manos que –olvidados los guantes- quedaron lastimadas por tensar la cuerda alrededor del cuello de Nacho.
Cuando se va a dormir ya olvidó su rostro, sólo persiste el reflejo de esquivar esa boca llena de mentiras con la que él había construido dos realidades bien distantes, una en cada margen del río: dos familias, dos mujeres, dos hijos, dos apodos, dos de todo. Ella, fue la tercera en discordia; pobre Nacho, no tenía idea, envanecido por un momento de gloria, se creyó capaz de tener ya no, dos de todo, sino de todo, tres.

8 de junio de 2010

Bombones de Circe


DestiempoS

“…como corso a contramano…”

Ella odia que la hagan esperar; aún así llegó tarde, volvió a perderse, como si temiera estar ahí, no por lo que podía pasar, sino por lo que sabía que no iba a suceder. Entraron al bar, él se disculpó y a ella le pareció perfecto; estaban solos, sin intrusos. Su primer autorreproche fue no haber elegido dónde sentarse, dudó, dejó que él lo hiciera por ella, y a partir de ese gesto mínimo, que puede parecer insignificante, una vez más, ella cedía el control de la situación alejando cualquier posibilidad de acercamiento.
Habló demás, él no dijo mucho. Todas las veces que deseo su boca sólo llegó a sus labios un poco de cerveza; volvió a hacerse tarde; volvió a sentir esa distancia incómoda, esa tensión indisoluble que no puede quitarse más que con sexo; volvió a dejarlo; volvió vacía de besos y abrazos necesarios para no sentirse fuera de lugar; volvió a desear perderse y lo hizo.
No logró dormir, no logró que su cabeza fuese benevolente y amaneció sin voz, como si lo no dicho, se hubiese atorado en la garganta hasta dejarla completamente muda.

7 de junio de 2010

Chica Malbec -Terapia-


Mira el reloj por tercera vez; faltan cinco minutos para y media; no toca el timbre, sabe, sería inútil hacerlo antes de tiempo, su terapeuta no responde jamás el portero antes de la hora exacta; tampoco prolonga la sesión más de los estrictos cuarenta minutos. No lo hizo aquella vez en que ella llegó quebrada y fue eso probablemente lo que evitó que él supiera, esos escasos cinco minutos en los que él no se dignó a contestar el portero eléctrico, hasta que ella se detuvo a ver el reloj pensando que había confundido la hora, después se detuvo a controlar la agenda pensando que había confundido el día, después se apartó del portero para mirar la entrada del edificio, pensando que había confundido la dirección, hasta que escucho la voz de él que decía su nombre seguido de la palabra: adelante. Cinco minutos evitaron que le confesara su primer asesinato. Ya es la hora, es el día, después de casi un año, tiene que saber que su compulsión por los hombres no se limita al sexo, sino a mantener el sano equilibrio entre los buenos tipos y los hijos de puta y así evitar que los segundos superen a los primeros.

2 de junio de 2010

Bombones de Circe


Borrosos

“era una alianza indestructible, nada une tanto como la certeza del fracaso común”

Juntos, se miraban los pies desnudos en el borde de la bañera. No hablaban, no querían decirse nada, no había nada más por compartir que el sexo imperioso que se habían dado. Cuatro años en la misma oficina de correos grisácea, cuatro años de los mismos viajes en el subte sudoroso, cuatro años de ver pasar parejas, amantes, ascensos, premios, casamientos, que nunca los tuvieron por protagonistas; dos vidas llenas de nada que sólo se encendían durante las noches cuando dormidos, el inconsciente les regalaba una vida en color. No se querían, no se gustaban, no se deseaban, pero los unía una persistente soledad. Después de la cena de fin de año en la oficina, después de beberse todos los restos de las copas que los otros abandonaban, después de perderse el último subte de la línea D, después de caminar por casi una hora, y mucho después de agotar las críticas irrisorias sobre sus mutuos jefes, se miraron en las pupilas huérfanas del otro y se besaron asmáticos; irrumpieron en la casa de ella, desgarraron prendas gastadas, y se desexuaron hasta el calambre.
Los pies se hundieron en el agua caliente, al fin no había nada más por escuchar, nada más por decir.

1 de junio de 2010

Chica Malbec -Crónicas-


Yoga

Sintió que entraba en ese estado intermedio entre el relax y el sueño, un limbo dulce que la desconecta de las otras mujeres, del instructor, y sobre todo, del recuerdo de la noche anterior. La música la transporta a otros planos, en los que se mezclan personas reales con los personajes que su cabeza inventa durante el sueño. A veces personas y personajes se funden; de pronto la cretina de su madre se convierte en una artista talentosa; su padre, en un periodista de renombre y su mejor amigo, en un psiquiatra brillante. Poco a poco, se transforman en personajes de películas, en superhéroes, en protagonistas espléndidos. Todos le dejan a ella sus miserias, sus lados oscuros, hasta convertirla en un ser peligroso. Suena un gong y se interpone una imagen sangrienta de la madrugada reciente, suena otro gong y ella vuelve a tocar el piso helado, suena un tercer gong y los personajes fantásticos la abandonan a su suerte; ella está de vuelta en el mundo real, se sienta en posición de buda y al abrir los ojos ve al resto de la clase mirándola aterrados; algunos están de pie contra la pared, otros se han ido. El instructor, pálido como el crepúsculo,tiene la mandíbula suelta. Entonces se da cuenta que habló, que contó cómo se deshizo de un hombre durante la madrugada.